Ermita de Nuestra Señora de La Soledad

Casatejada, Cáceres

Tipo de recurso: Arquitectura > Arquitectura Religiosa

La iglesia de San Pedro Ad Víncula ostenta la titularidad parroquial, pero el símbolo manifiesto de la religiosidad de Casatejada es la ermita de la Soledad, un edificio sobresaliente entre el conjunto de fábricas eremíticas de la región por las grandes proporciones con las que fue concebida, aunque sólo llegara a ejecutarse una parte que actualmente constituye la cabecera del templo. Su fábrica, acorde con el estilo postherreriano es de gran nobleza, emplea regularmente sillares de granito para revestir los muros, arcos, contrafuertes y el ladrillo para las bóvedas o la pared del arco toral, que originalmente conectaría con la nave que queda reducida a un tercio de su altura. Al exterior la capilla mayor presenta un testero liso, decorado con un cuadro moderno de azulejos que representa a la imagen de la Virgen de la Soledad. En los costados norte y sur la continuidad se rompe con una serie de contrafuertes que en los cuatro ángulos que dibuja la planta de la ermita se rematan con pirámides herrerianas. Entre dos de estas se inserta una espadaña a la que se accede a través de una escalera desnuda salteada entre dos contrafuertes. El interior, de planta rectangular, con dos tramos cubiertos por una bóveda de lunetos de ladrillo visto, que arranca de una línea de impostas que recorre todos los lienzos. La nave es una continuación humilde, conectada por un arco de ladrillo. Cuatro pilares del mismo material dividen el espacio interior y al fondo se alza un sencillo coro. Los accesos han sido remodelados adoptando un esquema acomodado al estilo del edificio. Tres espacios más encontramos en el interior, escalonados en el costado norte. La sacristía, con acceso adintelado sobre la que figura el escudo del obispo placentino D. Pedro González de Acebedo ( 1595-1609). Este prohibió que hombres y mujeres se mezclaran en el interior del templo durante los oficios divinos, fue el procer bajo cuya prelatura debió de edificarse la ermita, cuando en Plasencia se forjaba la reja del coro y las tablas del retablo mayor. En una cámara se halla la capilla del SantoSepulcro, con un retablo de traza postchurrigueresca en el que sobresalen aparte del aparatoso artificio decorativo de columas aguirnaldadas, rocallas, etc., la imagen de un Cristo adaptado para ser yacente en el s. XIX, pero que primitivamente fue una imagen de crucificado que date del segundo cuarto del siglo XVI. La obra magna del templo es sin embargo el retablo mayor, una importante obra realizada en madera dorada entallada en las postrimerías del s. XVIII, es la etapa que marca en tránsito de lo churriguieresco al rococó. Se trata de una máquina de orden gigante con un banco plagado de motivos decorativos, hojarascas, niños atlantes, paños, símbolos de la pasión que se continúan hacia el cuerpo central encajado entre cuatro columnas salomónicas en las calles laterales y dos lisas en la central, animadas por querubines, sarmientos, etc. La hornacina central la preside la imagen de la Virgen de la Soledad, una talla de cara y manos sobre bastidor, que según las investigaciones que si nos atenemos al hecho de que se conserva en el archivo parroquial, algunas hojas del Libro de los Milagros (1600-1609), sería realizada a finales del siglo XVI. Excelente es la imagen del Cristo Resucitado instalado en la hornacina al lado del Evangelio. Siguiendo a J.C. Rubio, que ha realizado una magnífica síntesis de la historia y contenido artístico de la ermita, la talla del Cristo podría ser una obra en la que se manifiesta un contacto lejano con la producción de la escuela castellana; en cambio, el cristo atado a la columna, en el lado de la Epístola es obra decimonónica. Por último, en el coronamiento o del ático del retablo, bajo una hornacina plana aparecen talladas dos calaveras y los fémures de Adán y al fondo pintada una ciudad que se identifica con Jerusalén. Fuente: Arjabor