Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción

Berrocalejo, Cáceres

Tipo de recurso: Arquitectura > Arquitectura Religiosa

Al indudable mérito artístico de la iglesia, se añade la extraordinaria perspectiva paisajística recreada por el pantano de Valdecañas, abierto a sus pies como un mar interior. Debe la fortaleza de la obra a una parte de los estipendios que le proporcionaba el paso de los ganados mesteños por el puente del Conde, cuando en el siglo XVI el comercio de las merinas se encontraba en auge. Fue pues levantada parcialmente en ese siglo, al menos a esa época corresponden la torre y la nave, pues los soportales, presbiterio y sacristía son ya del siglo XVII. Cuenta la tradición que su edificación se hizo por mandato de Fray Hernando de Talavera, confesor de Isabel la Católica, cuando era obispo de Ávila en 1486 y Berrocalejo pertenecía a aquella diócesis. Su única nave se halla dividida en cuatro tramos por arcos rebajados sustentados por pilares cuadrados reforzados al exterior por contrafuertes. La bóveda resultante es por tanto de cañón con lunetos. A los pies, un gran arco carpanel sostiene el coro, bajo el cual se inicia la escalera de ascenso a la torre situada en el eje central de la nave, cuya techumbre vierte a dos aguas. Dicha torre es de planta cuadrada con dos cuerpos separados por una cornisa. En el cuerpo superior se abren cuatro vanos con arcos de medio punto, rematándose su coronamiento con una pequeña cúpula. El levantamiento de los últimos tramos se hizo a expensas del Monasterio de Yuste, con las rentas de varias fincas de Valdeverdeja pertenecientes al citado convento. En el presbítero, un cimborrio octogonal cobija una cúpula sobre pechinas separadas del cubo absidial por una cornisa moldurada característica de la etapa barroca del templo. A la derecha se sitúa la sacristía, iluminada por un ventanal con ribetes listados y sobre ella una pequeña espadaña. La construcción de este cuerpo debe de comenzar a partir de 1765 , pues de este tiempo data el permiso obispal que permite la ampliación. Una alineación de columnas con zapatas de madera forma una galería corrida que cobija una de las dos puertas del templo, ubicadas en los costados de la nave. La que permanece abierta, está concebida como arco conopial. En cuanto a la decoración interior, merece la pena destacar dos retablos laterales, ya que el central es una obra decimonónica de argamasón. Ambos retablos son de entalladura barroca; en el de la izquierda, pintado sobre tabla se representa una crucifixión. El de la derecha, más complejo, representa a los cuatro evangelistas en el banco, San Sebastián en el tercer cuerpo y en los intermedios San Antonio, San Andrés y bajo estos dos prelados, posiblemente San Ambrosio y San Agustín. Todas las imágenes son modernas, pues en 1936 todas las que contenía se quemaron públicamente. En el centro una talla de madera policromada de San Juan de la Vega, queda como único testigo de una antigua ermita gótica (1560-1808), destruida el siglo pasado y ahora cubierta por las aguas del pantano. Tuvo un magnífico órgano recompuesto por primera vez hacia 1745 y que en los años previos a la Guerra Civil aún se encontraba en uso. Fuente: Arjabor