Antecedentes en Extremadura

El territorio rural tiene una gran importancia en la configuración de la región extremeña, al ser uno de los elementos fundamentales en su vertebración social y económica. Muchas de las características socioeconómicas y territoriales de la región en su conjunto coinciden en gran medida con las de su medio rural, dada la importancia de éste y su gran influencia sobre un medio urbano escasamente desarrollado. Además, es el soporte físico de un extenso y variado patrimonio natural y cultural que representa hoy uno de nuestros grandes valores, además de constituir la base de muchas actividades económicas que generan, y pueden generar, importantes niveles de empleo y renta.

En Extremadura las políticas de desarrollo rural fueron casi inexistentes hasta finales de los setenta del pasado siglo. A partir de 1979, los primeros ayuntamientos de la democracia generaron un buen número de acciones destinadas a paliar carencias básicas en los municipios, como suministro de aguas, basuras, alcantarillado, asfaltado de calles,… Esta labor se incrementó a partir de 1983, con la creación de la Junta de Extremadura y la aplicación de las primeras políticas de dotación de servicios mínimos a los municipios.  Hasta principios de los años noventa, el objetivo de la Junta de Extremadura  estuvo enfocado a la resolución de las insuficiencias básicas de la región, plasmadas en la mayoría de sus localidades rurales.

En 1991, con la puesta en marcha de los primeros LEADER en la región, cambia radicalmente la manera de hacer desarrollo rural en Extremadura. Una nueva metodología para el desarrollo -integral, participativa y de abajo arriba- comenzaba a aplicarse.

Desde esa fecha, el proceso de desarrollo rural de Extremadura ha estado marcado fundamentalmente por las políticas europeas, desde 1991 han transcurrido varias programaciones y actualmente nos hallamos inmersos en un nuevo periodo de programación hasta el 2020.

Gracias a estos procesos y sus lecciones, hemos sabido crear las condiciones favorables para el desarrollo, que la sociedad rural ha sabido acoger, encauzar y recrear, generando nuevas expectativas y posibilidades.

Para el futuro más inmediato debemos ir trabajando en nuevos modelos de desarrollo rural, que apostando por un mayor papel participativo de la sociedad deberán ampliar sus horizontes a través de políticas más globales e integrales.

 

 

 



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